lunes, 23 de marzo de 2026

A mi compañero de habitación

Con el que esquivaba el miedo a la oscuridad cantando canciones a medias.
A quien me abrazaba despues de una terrible pesadilla.
Ese al que admiré desde pequeñita como si fuese él mi hermano mayor.

El que nos ha hecho plantarle cara al miedo.
Ese miedo que nos ha robado noches de sueño,
y días de sosiego. 
Ahora que lo peor ha pasado,
puedo contarte que nunca lo había vivido
como ese 10 de febrero.

Hoy, varias semanas después de aquella horrible espera, me viene a la cabeza todo lo bueno que esto nos ha traído: Los paseitos sin marearte por la cuarta planta, las conversaciones que ocupaban el hueco que el miedo iba dejando y hasta los primeros te quiero que he oído de tu boca.
Sentirte pequeñito, cercano y vulnerable.
Dejándote hacer, como nunca antes.
Entregado y agradecido.

Esa ha sido, sin duda, la parte más bonita de esta pesadilla.

La vida nos ha regalado todo eso, a cambio de un susto que nos ha hecho valorarla realmente. 

Así que cuando hoy te he visto soplar 34 velas,
solo pensaba en la inmensa felicidad de que hayas podido hacerlo. 
Y la suerte de celebrarlo. 
Todos.
Juntos.

Y si pienso quién se quedará conmigo
el día que papá y mamá no estén,
he de confesarte, 
que me alegra,
enormemente,
que seas tú.

Feliz cumple, J. <3

martes, 24 de febrero de 2026

Los seres que me llena(ba)n.

Y ya no.

Porque las risas que compartís solo hablan del pasado. De alguien que fuiste pero hoy no reconoces.
Porque vuestros puntos de vista han pasado de ser diferentes pero enriquecedores a opuestos e incómodos. 
O, simplemente, porque no son capaces de ofrecer lo que necesitas ahora, por mucho que te niegues a verlo.

Y lo curioso no es que ellos hayan cambiado. Seguramente, todo sea como siempre.
La que ya no es la misma, eres tú.

Duele. Mucho.
Siguen teniendo hueco a pesar de todo, pero el peso de cada conversación en la que estamos en las antípodas cae a plomo.
Y hay poco que hacer.
Decidir si mantenerles en tu vida a pesar de todo.
A medias. Aunque no sepas hacer las cosas así. 
O ir desconectando paulatinamente. Quizá demasiado radical.

La decepción ha caído como un jarro de agua fría en el momento menos esperado.
Puede que solo haya sido cuestión de expectativas.

Aunque sí tengo algo meridianamente claro: Donde ya no valoran lo que eres y donde ya no reconozcan lo que puedes ofrecer.

Ahí, ya no es.