Con el que esquivaba el miedo a la oscuridad cantando canciones a medias.
A quien me abrazaba despues de una terrible pesadilla.
Ese al que admiré desde pequeñita como si fuese él mi hermano mayor.
El que nos ha hecho plantarle cara al miedo.
Ese miedo que nos ha robado noches de sueño,
y días de sosiego.
Ahora que lo peor ha pasado,
puedo contarte que nunca lo había vivido
como ese 10 de febrero.
Hoy, varias semanas después de aquella horrible espera, me viene a la cabeza todo lo bueno que esto nos ha traído: Los paseitos sin marearte por la cuarta planta, las conversaciones que ocupaban el hueco que el miedo iba dejando y hasta los primeros te quiero que he oído de tu boca.
Sentirte pequeñito, cercano y vulnerable.
Dejándote hacer, como nunca antes.
Entregado y agradecido.
Esa ha sido, sin duda, la parte más bonita de esta pesadilla.
La vida nos ha regalado todo eso, a cambio de un susto que nos ha hecho valorarla realmente.
Así que cuando hoy te he visto soplar 34 velas,
solo pensaba en la inmensa felicidad de que hayas podido hacerlo.
Y la suerte de celebrarlo.
Todos.
Juntos.
Y si pienso quién se quedará conmigo
el día que papá y mamá no estén,
he de confesarte,
que me alegra,
enormemente,
que seas tú.
Feliz cumple, J. <3
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