sábado, 26 de marzo de 2016

Tiempo

-Esa palabra. Me mata.
-Por eso he evitado usarla.
-Soy inflexible con los tiempos.Solo son una excusa.
-Pero esto es diferente. 
Yo no pido tiempo sin ti, 
pido tiempo contigo.

lunes, 21 de marzo de 2016

in - Tangibles

"Intangible, según la RAE: que no puede o no debe tocarse."
Así. Tal cual. Con este sentimiento me he despertado esta mañana. 
He estado pensando en cómo. Poniéndole nombre al dónde, buscando con quién...Y sigo en el mismo punto de partida, mirando a todos lados por si aparece ese halo de inspiración por alguna de las cuatro esquinas de mi habitación. 
A lo que vamos, lo intangible es por definición inexplicable y por experiencia indomable. Y os lo explico. 

Llegados a este punto he de decir que la vida se rige por mil formas abiertas, todas y cada una de ellas moldeables a tu antojo y que son los sentimientos, las emociones, los instantes y algún que otro recuerdo los que se encargan de mover el mundo en el sentido y la dirección que queramos darle. 
Así, el amor. La confianza. La libertad. La esperanza. La alegría. Y la tristeza. La felicidad. La lealtad. Son solo algunas de esas pequeñas cosas intangibles por las que se rige la vida. Y no puedo explicarte que son. No existe definición alguna para expresarte qué es el amor, cómo se (des)hace, cuánto se sufre o cuándo se pasa.  Ni puedo decirte dónde está la felicidad ni hasta cuándo caminará de nuestro lado. O qué debes hacer para superar la tristeza cuando te abruma una tarde lluviosa de domingo después de una noche de sábado un tanto anormal. 

Y por más que la RAE se empeñe yo te digo que no. Que sus definiciones son otro de los mayores errores del ser humano por querer ponerle nombre y apellido a las cosas más sin sentido de nuestro mundo. Que ya se descubrió que la tierra era redonda y no pasó nada. Ni tampoco pasará si salimos a emborracharnos de todas esas historias que nos contaron que no se podían hacer porque iban siempre en contra de unos principios que vete tú a saber quién los impuso. 
Que sí. Que las normas las cumple quien puede pero no quien quiere y que llegados a este punto y ya que vamos a estar dos días aquí, pues vivamos también de lo prohibido. 

Y he aquí la segunda mitad de mi pequeña mañana de sol sin hacer nada. Que ya te he contado el porque de mi in-explicacion (o como quiera que se diga), a porque hago cosas sin saber y me meto en la boca del lobo, en el cuello de la botella y en la cueva del oso buscando o sin buscar.
Y ahora voy a hablarte de todo eso que se hace sin pensar. A lo loco. Por la borda. O por los aires. Disparatada. Porque también mis secretos intangibles son un poco indomables. Y si no que vengan los listos a decirme cómo se frena una noche de pasión en a saber que casa nos tocó ayer, o que se dignen a contarme sus secretos para no llorar de la risa o reír del llanto en décimas de milésimas de segundo. O que ayer, mientras mi gin-tonic seguía en mi mano me pareciste de verdad y decías cosas con sentido, hasta que me desperté y la confianza se esfumó como el diente de león que acabo de soplar pidiendo un deseo que a ninguno le importa y tampoco a tí. O quizás sí, pero también es intangible y tú no crees en estas cosas mías tan raras e imposibles.

A lo que iba, que esta mañana se me ha ido de las manos en el momento en que me despertaron de mi sueño intangible en el que estabas. Y yo podía y debía tocarte. Podía y debía sentirte. Podía y debía. Hasta que sonó un despertador que me hizo recordar que no. 
Que las mejores cosas que la vida me ha dado no son reales. Que no existen. Como tú. Que ya no sé dónde te metes pero que desde aquí te grito bien fuerte. Y por si me oyes llévame de vuelta a donde quiera que te hayas escondido. 
Que yo no puedo ni debo tocarte. Y que tampoco quiero porque pasarás de intangible, a tangible. De irreal a real. De inexplicable a explicable y de indomable a domable. 
Y yo ya no sé si eso me gusta, si te busco, te encuentro o solo me limito a vivir. Contigo o de tí. No. Mejor conmigo y feliz.

Por eso y porque voy a seguir apostando fuerte. Por mis sueños tan intangibles, que no los toco pero los siento, los huelo y los disfruto, y por tí, tu media sonrisa y lo mucho que has disfrutado mientras sabías que detrás de todo esto estaba yo y todas esas cosas que tanto te gusta escucharme contar.
Y ahora que lo has leído, se acaba y se vuelve intocable. O intangible. Que al fin y al cabo ya sabes que sigue siendo un poco lo mismo. 

jueves, 10 de marzo de 2016

(:

Una niña de unos 5 años y unos 10 minutos de sonrisa en un metro belga me traen hasta aquí. 
Sin conocerla y sin entendernos. 
Cuando alguien sonríe no hace falta nada más.

Por eso tú entiendes el lenguaje universal.
Y atrapas corazones allá donde vas.
Tú con esa sensibilidad que despierta las más profundas de las admiraciones.
Tú y tu capacidad de ver todo lo bonito que hay en alguien.
Tú y tu ilusión. 

Espero que nunca pierdas esa manera de sonreír, sincera, contagiosa.



Pequeña sonrisa de Amelie, me tienes ganada.

Bonito día, mejor experiencia y feliz felicidad con tus patitos. 

💚💚

lunes, 22 de febrero de 2016

Sin título y a lo loco.

Aquí está. Aquí lo tienes. Todo lo que no fui capaz de pedirte con palabras y a la cara. Todo lo que nunca te dije y siempre te quise contar. Tuyo. Mío. Y algún día, nuestro.

Qué somos fue la incógnita sin desvelar de nuestra película favorita. La única pregunta de solo dos palabras que yo nunca pude hacerte. Y no porque no me atreviera. O Quizás sí. Pero sobre todo porque había tantos momentos que recordaba haber estropeado de esa forma que no quería recordarnos como uno más.
Para mí la respuesta es demasiado sencilla. Somos. Polos opuestos encontrados que se han embarcado en una aventura. Sin quererlo ni beberlo. Pero somos más. 


Somos dos mentes por encima de todo que sin ni siquiera conocerse ya entablaban conversaciones dignas de debate. Somos un documental recomendado. De tí. Para mí. Somos un guión sin escribir en un teatro vacío lleno de expectación y de ganas. De ganas de desgarrarnos la vida. De absorbernos, bebernos, fumarnos y todo aquello que en esta vida requiera una intensidad de alto voltaje. Causales luchadores que han llegado hasta aquí porque lo han buscado. Dos caminos entrelazados al azar por un medio llamado destino. Somos desconocidos que se han conocido juntos. Que ni yo sabía que entre mis hobbies estaba escucharte pintarme en sueños. Ni tú probablemente te engancharías durante las noches que duramos a un corazón perdido y sin aliento. Somos vidas separadas  y pesadillas que se vuelven sueños cuando aparecemos.


Somos una historia sin final ni principio. El caos más profundo que te habían contado jamas. Los valientes que no niegan qué somos y los cobardes que ya no saben avanzar si no somos uno. No decirnos adiós era el mayor de nuestros desafíos pero ya sabéis que nadie deja su libro favorito a medias, ni pasa página cuando le encanta re-leer (nos). Y menos, cuando ya nos hemos saciado de camas vacías ensuciando sábanas que no saben a nada mas que a impotencia. Cuando el grito final de los finales acaba en un suspiro con tu nombre. O cuando al abrir los ojos en medio de un montón de gente siempre te da por buscar mi sonrisa brillar.

Y ya no brilla igual si no es contigo. Y ya no vive más. 

Ni igual. 

Ni parecido.    

viernes, 5 de febrero de 2016

Lo sabíamos y aún sabiéndolo decidimos estrellarnos.

Yo lo sabía. Tanto o más que tú. No tan rápido, si no lento y suculentamente desapercibido, como quien llama sin avisar a una puerta que no escucha. 
Yo lo sabía. Tanto que ni siquiera se oyeron ninguno de mis gritos ahogados en la madrugada que ya no estabas. Fuerte. Como las piedras que fui dejando en mi camino que solo a ti te indicaban como regresar un día cualquiera a casa. Yo sabía que tu hasta pronto era más bien un adiós de cobardía y que tu última sonrisa me pertenecería durante más de mil noches. 

Yo lo sabía. Que te gustaba verme marchar y sin embargo odiabas ver mis pasos alejarse. Que solo la madrugada empapada de botellas vacías sobre tu cama y alguna que otra compañía a la que susurrabas mi nombre te recordaba a mí. Eso. Y los días en los que es mejor no decir nada, cuando solo un abrazo nos salva del mundo y no nos vale cualquiera.

Yo lo sabía. Tan bien como tú. Que te alejarías y que podíamos ser el final de los finales empezando por un principio que nunca tuvimos. Que los viajes a deshoras perderían el sentido. Y los rincones de aquella ciudad se quedarían en la memoria de los que saben que lo fueron todo y ahora nada. 
Yo lo sabía. Que el tiempo por nosotros no pasaba pero la distancia hizo estragos improbablemente imposibles de reparar, como los corazones pisoteados por algún que otro idiota que solo vino a dejar huella y a llevarse algo que no es suyo. 

Yo lo sabía. Egoísta. Que vendrías a poner la puntilla en una historia para no contarme el final. Que pospondrías todos esos peros con mis puntos suspensivos esperando que algún día se alarguen más. Yo lo sabía tan bien como tú. Que te hacías el sordo siendo el sueco que nunca hablaba de nada. Que si yo era paz, tú venías proponiéndome la guerra. Que si yo elegía los veranos en tu espalda, tú los arrasabas a tormentas para no volver jamás. 
Yo lo sabía. Que si no apostabas, yo ganaba. Y si te ibas, la puerta siempre cerrada pero la llave bien guardada en aquel lugar al que prometimos no volver jamás. 
Y para seguir con la costumbre de dos locos que imponían reglas solo para ser capaces de romper con toda la verdad, volvimos.

Y tome tu llave. Y abrí tu puerta.

Y estabas pero no.
O sí, pero tampoco.
Yo lo sabía. Y sin embargo en ningún segundo se me pasó por la cabeza retirarme lo más mínimo.
Nadie deja su libro favorito a medias. O sí. Pero solo cuando conocemos nuestro final y no sabemos que hacer para remediarlo.

lunes, 4 de enero de 2016

Los borrachos, los niños y los corazones rotos siempre dicen la verdad.



Me voy. Y no me voy.

Me quedo. Y tampoco estoy.

Me evado en recuerdos. Me pierdo en olores. Me encuentro en abrazos.

Me marché y una parte no ha vuelto conmigo. La has atado a tí, bien fuerte. Llevándote la esencia. Mi yo inerte sepultado entre escombros.
 
Y lo busco. 
Lo he llamado y le he pedido que vuelva. Y no contesta. Ya no descuelga. Que dice que contigo está mejor y que es más fuerte que nunca.
Y mientras tanto yo, sembrando sensaciones. Escribiendo momentos para grabarlos por siempre. Por si no se repiten y me toca vivir de recuerdos. 
Por si eso que te has llevado contigo nunca lo traes de vuelta. 
Al menos que pueda cerrar los ojos y seguir soñandote despierta.

Siempre nos quedará el secreto mejor guardado y tu piel, erizada siempre debajo de mis manos. 

 

sábado, 2 de enero de 2016

Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va.

Éste va por ti.

Nunca pensé que iba a hacerte tanta ilusión aparecer por estos lares, ni que estuvieras esperando un tocho con una despedida cursi. Pero aquí me veo, escribiendo sin pensar unas palabritas que salen desde el alma.

Las circunstancias nos han traído hasta aquí. Hoy tú eres la prota.

Tú, que me has enseñado lo que es la verdadera amistad.
Tú, que me has regalado una familia y unos amigos que no se pueden aguantá.
Tú, tan tú.
Tan visceral, tan de enfados y de carcajadas, de sabios consejos y de verdades a la cara.

Y tan valiente, tan luchadora y tan capaz.

Hoy que te enfrentas a una nueva oportunidad, quiero que sepas lo orgullosa que estoy de ti.

Y no te digo ná de lo que tienes que hacer.
De disfrutar de cada momento y cada lugar.
De cada persona que se cruce en tu camino.
De cada lágrima y de cada sonrisa.
De cada lección.
De TODO lo que te regalen los próximos meses.

Pero cuéntamelo con pelos y señales.
Eso sí es una obligación.

Buena suerte AMIGA, así en mayúsculas (y me quedo corta).