lunes, 4 de enero de 2016

Los borrachos, los niños y los corazones rotos siempre dicen la verdad.



Me voy. Y no me voy.

Me quedo. Y tampoco estoy.

Me evado en recuerdos. Me pierdo en olores. Me encuentro en abrazos.

Me marché y una parte no ha vuelto conmigo. La has atado a tí, bien fuerte. Llevándote la esencia. Mi yo inerte sepultado entre escombros.
 
Y lo busco. 
Lo he llamado y le he pedido que vuelva. Y no contesta. Ya no descuelga. Que dice que contigo está mejor y que es más fuerte que nunca.
Y mientras tanto yo, sembrando sensaciones. Escribiendo momentos para grabarlos por siempre. Por si no se repiten y me toca vivir de recuerdos. 
Por si eso que te has llevado contigo nunca lo traes de vuelta. 
Al menos que pueda cerrar los ojos y seguir soñandote despierta.

Siempre nos quedará el secreto mejor guardado y tu piel, erizada siempre debajo de mis manos. 

 

sábado, 2 de enero de 2016

Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va.

Éste va por ti.

Nunca pensé que iba a hacerte tanta ilusión aparecer por estos lares, ni que estuvieras esperando un tocho con una despedida cursi. Pero aquí me veo, escribiendo sin pensar unas palabritas que salen desde el alma.

Las circunstancias nos han traído hasta aquí. Hoy tú eres la prota.

Tú, que me has enseñado lo que es la verdadera amistad.
Tú, que me has regalado una familia y unos amigos que no se pueden aguantá.
Tú, tan tú.
Tan visceral, tan de enfados y de carcajadas, de sabios consejos y de verdades a la cara.

Y tan valiente, tan luchadora y tan capaz.

Hoy que te enfrentas a una nueva oportunidad, quiero que sepas lo orgullosa que estoy de ti.

Y no te digo ná de lo que tienes que hacer.
De disfrutar de cada momento y cada lugar.
De cada persona que se cruce en tu camino.
De cada lágrima y de cada sonrisa.
De cada lección.
De TODO lo que te regalen los próximos meses.

Pero cuéntamelo con pelos y señales.
Eso sí es una obligación.

Buena suerte AMIGA, así en mayúsculas (y me quedo corta).



jueves, 31 de diciembre de 2015

De despedidas, finales y comienzos.

Odio los finales tanto como me apasionan los comienzos. No soporto decir adiós y siempre te lo cambio por un "nos vemos pronto" que nadie puede prometer. Las promesas dejaron de ser lo mío cuando me las rompieron todas sin previo aviso. Y cometer errores siempre ha sido mi pasatiempo favorito. No sé abandonar y siempre me marcho a destiempo. Cuando no hay solución y estoy empapada de miedos. Nunca he sabido rehacer el camino y sigo construyendo momentos que me regalan vida, Y ya solo espero que me sorprendas.

No voy a hacer balance de un 2015 que me ha dado y quitado todo. Ni quiero propósitos nuevos que nunca llegaré a cumplir.
Pero si quiero sumar. Sumar y seguir un camino que se siembra a diario. Sumar secretos y gritar con la mirada. Como se dicen las cosas que nunca te dije.
Termino de escribir la última página de un año plagado de historias y aventuras. Y solo me queda dar las GRACIAS. En mayúsculas. A todos los que me habéis regalado un poco de vida. Que os habéis enganchado a mi sonrisa y me habéis hecho bailar con ella. A los que habéis llorado conmigo y me habéis enseñado a decirlo todo con un abrazo. Y es que últimamente solo me encuentro en casa cuando me abrazan. Y mi hogar son vuestros brazos cuando compartimos cervezas. Conversaciones profundas a las 5 de la mañana. O cuando siento que soy parte de algo muy grande y me hacéis sentir tan pequeña...
A todos los que habéis sumado momentos conmigo este año. No quiero dejar de hacerlo.

Feliz 2016. Sonreír, cumplir sueños, arriesgar y no olvidéis regresar a aquel lugar inalterado que siempre te espera con una sonrisa y los brazos abiertos.

Y a tí, que nunca vas a leer esto. Gracias, por devolverme algo que creía perdido y asegurarte que nadie va a saber hacerlo mejor que nosotros.
Hasta pronto, hasta siempre. Hasta que alguno de los dos sea valiente.

domingo, 27 de diciembre de 2015

NAvidaD

En fechas como éstas, más que nunca, creo en la vida.
La que me ha ido trayendo personas, llevando a lugares y regalando ratitos.

Lágrimas contenidas.
Temas a evitar.
Abrazos que llegan en el mejor momento.
Personas que no están.

Porque navidad sin vida es casi ná.
Y sin tí, pa' que te voy a contar.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Inefable.

No te vayas.
No me olvides.
No te alejes de mí ni siquiera cuando enfadada te lo pida a gritos.
No me abandones.
No me sueltes. Aún no.
No es la hora y ya pretendes abandonar. El árbitro ni siquiera ha llegado y tu ya das por perdido el partido. La liga. Y la copa.
Quédate. Que te he preparado una lista de esas interminables. De planes por hacer. De películas. De series. De capítulos. De desayunos. Almuerzos y cenas de magrugada. De sueños por cumplir. De las copas que me bebería contigo y de tí. De la borrachera de una noche en primavera solo con el olor de tu perfume en mi ropa. Y eso que tú nunca fuiste de usar muchos.

No te marches todavía. No. Porque podría darte mil razones y sin embargo ninguna te haría quedarte para siempre. Solo hasta que pase la tormenta. Y el vendaval. Porque no es el momento. No nuestro momento.
Que nos faltan enfados de cinco minutos y reconciliaciones de semanas. De construir amaneceres y romper alguna que otra cama. Que eras mi ca(l)ma favorita y el peor de mis remedios. Que nuestra libreta sigue sumando imposibles y yo te los cambiaría todos por paseos por el Retiro y cañas en La Latina.
Y la distancia es un número. Al igual que la edad. Y si unos se quieren con 10 años de diferencia yo te quiero desde aquí. A un centímetro y a 2000. En el país vecino o desde aquel donde nunca sale el sol pero te podría asegurar amaneceres de ensueño. En tu cama. En la mía. O en cualquier lugar que podamos hacer nuestro. Y mío. Muy mío. Para poder compartirlo contigo.

Y mañana no lo se. Pero hoy, juntos hacemos primavera.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Yo no lloro, yo lluevo

Porque el frío me pone triste.

Porque hay días malos.

Últimamente más que buenos.

Porque tengo miedo de que no llegues nunca.


O porque si tengo un día así, puede que ellas no estén para sacarme.


Pero, sobre todo, porque hoy te echo de menos, igual que ayer, que antes de ayer, y que todos los días desde hace 2 meses y 4 días.


"Venga, vamos arriba: 

Coge aire, suelta lo que aprieta dentro y pa'lante."

domingo, 15 de noviembre de 2015

Por mi primero.



La conocéis. Se llama Macarena. 20 años, en unas horas serán 21. Melena rubia. Mofletes inflados. China cuando se ríe a carcajadas (y eso es casi siempre). Risueña. Loca. Divertida. Amiga. Utrerana de los pies a la cabeza. Y sevillana en otras ocasiones. Ahora italiana por los cuatro costados. Nadie mejor que ella sabe hacerte reír. Nadie mejor que ella te puede parar los pies. Y abrazarte. Cuando lo necesitas. Te mira y sabe que piensas. Duerme más que respira. Y no come carne. Por las mañanas es inaguantable y alguna que otra noche quisiera matarla.
No éramos nada antes de llegar a esta ciudad. Aunque no lo parezca. Pero teníamos en común historias y mucho futuro. Sabemos ya algo de las montañas rusas de la vida. Y aquí, aprendimos a sobrevivirnos juntas. Nosotras y otro melón que se nos unió en el camino. El que nos frena. Nos abandona y nos cuida. Es nuestro hermano mayor. El que nunca tuvimos. Y no sabe la falta que nos hace. No se lo decimos. O mejor dicho, no se lo digo nunca pero las cosas que no se dicen y se saben son las que más valor guardan.
Conocen mis manías mejor que muchos. Mi pasión por los libros, la poesía y la música que nadie escucha. Saben que hay días que para mí es mejor pasarlos haciendo fotos o escribiendo vivencias. De mí. De tí. De ellos. Y de nosotros. Me pidieron que escribiera sobre esto. Pero no podía. No era el momento. 
Y es que llegar a una ciudad totalmente desconocida. A un país completamente nuevo. Con personas que con solo estar aquí, sabes que serán inolvidables. La sensación de andar por una casa que no es la tuya. El olor de la comida que no te pertenece. El beso de buenas noches que ahora sabe diferente. Echar de menos lo que tienes. Que te sobre lo que te falta. Perder personas. Ganar momentos. Soltar miedos. Tirarlos por la borda. Romper los esquemas. Acelerar. Frenar. Derrapar. Escapar pero no huir. Construir una vida que no era tuya y ahora sí. Hacerla a tu antojo. Moldearla. Dibujarla. Montarla pieza a pieza. Beberte hasta los imposibles. Los yo nunca. Que aquí la cerveza se bebe de un trago. Y si lo haces de dos, a la próxima bebes doble. 
No estaba preparada para escribir sobre algo que no sabía si me pertenecía. Hasta que llegas. Te paras. Te bajas del tren y a tu alrededor te están esperando. Y son ellos. Los mismos que se montaron en él hace un par de meses. Los que te abrieron los brazos. Te dibujaron sonrisas y te ofrecieron cervezas. Te invitaron a una casa que ahora era suya pero que tampoco la sentían. Te prometieron vivir una aventura contigo y hacerlo hasta el final. Sin soltarte. Ni soltarnos. 
La verdad es que las promesas nunca fue lo mío. O no desde que aprendí que era mucho más fácil romperlas que cumplirlas. Pero hay momentos que las merecen. Y este es uno de ellos. Prometo vivir la aventura. Disfrutar cada sorbo. Despertarme con sonrisas y acostarme con carcajadas. Coleccionar vida. Y momentos. Prometo llamar hogar a mi nueva casa. Familia a todos vosotros. Prometo ser de aquí. Y de allí. No olvidar de donde vengo pero saber a donde voy. Prometo acabar lo que hemos empezado. Y prometo no defraudarme. Ni defraudaros. 
No sé si estaba preparada para escribir sobre esto. Probablemente no, y quizás nunca lo esté lo suficiente. A lo mejor no me entendéis ni lo haréis jamás. Pero preparada o no, mis manos se movían solas y mi cabeza iba más allá de la tinta que dejaba marca en un papel en blanco. Y ahora sé que está grabado. 
Por nosotros. 
A los que me conocen. A los que lo siguen haciendo. Y a los que algún día me conocerán. 

Va por vosotros. Y por mi primero.